The jungle shows its viscera wet, filled with the corpses of drowned dreams in the mist. A monkey in a cage, a transvestite shadow of hawaian dancer, bite the bars rusted, the anxiety of freedom of draws in its weary eyes. A woman disfigured by leshmainia, her face reduced to monstrous caricature, sold tobacco cartons of contraband. A prostitute fifteen years old, rests as hungry mermaid on the green column green of the bar. She smiles at men migrating aimlessly in this mardi gras flow of tropical colors stained with mud. Inexorable mud that adheres like a parasite, growing under my nails, my skin and spreading like a cancer covering everything. The sky threatens a tropical storm, beams of light that move agitated in the belly of the massive nimboes.
One child died yesterday. His body fell, dragged down by gravity, until it struck the ground, his head burst. His soul is dissipated as the hopes of the men in the jungle.Pain spreads its tentacles around his family. His dead eyes drawn on the soft skin of his face. His breathing turned into an irregular beating, each breath losing a portion of his little soul. A soul is born, like a butterfly emerging in a spring meadow, to fly free from the bondage of flesh.
La selva expone sus húmedas visceras, repletas de los cadáveres de los sueños ahogados en la neblina. Un mono enjaulado, una sombra travestida de bailarina hawaina, muerde los barrotes oxidados, la ansiedad de libertad de dibuja en sus ojos agotados por el peso de soledad. Una mujer desfigurada por la leshmainia, su cara convertida en una máscara veneciana, vende cartones de tabaco de contrabando. Una prostituta de quince años descansa como una sirena hambrienta sobre la columna verde del bar. La niña canta para los hombres que migran sin propósito en la marea de mardi gras de reflejos tropicales manchados de lodo. Lodo que se extiende inexorable como un parásito, creciendo bajo mis uñas, en mi piel y hambriento como un cáncer. El cielo amenaza una tormenta tropical, haces de luz que se mueven agitados en el vientre de los inmensos nimbos, que crecen voluptuosamente.
Un niño murió ayer. Su cuerpo cayendo, arrastrado por la gravedad, hasta impactar sobre el suelo, con la cabeza reventada. Su alma se disipa como los deseos de los hombres engullidos por la selva. El dolor se extiende abrazando su familia y convirtiendo el amor en tortura. Sus ojos muertos dibujados en la piel dulce de su cara. Su respiración convertida en un latido irregular, mientras en cada espiración pierde una porción de su alma. Alma naciente, como una mariposa emergente en un prado de primavera, para volar liberada de la esclavitud la carne, para ser engullida por la eternidad.

